Autor: Javier Avilez Martínez

Publicado en París por Winter – Dávila & Associés, el 01 de octubre de 2021.

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Sin duda, los efectos económicos como consecuencia de la pandemia mundial, provocada por el virus Sars-CoV2, en el universo del deporte profesional son devastadores. Uno de los principales padecimientos mas letales contra el músculo financiero de todo ciclo productivo, espera silenciosamente para atacar la principal fuente comercial del mundo deportivo, su nombre: recesión económica. La falta de consumo del producto deporte como lo vivíamos antes de la pandemia, ha impactado sobre los niveles de empleo, salarios, utilidades y bienestar social de los consumidores y de la misma industria que patrocina al deporte. La infección parece cruzar el ‘aviso de alerta’ para iniciar su peligrosa contaminación. Este efecto repercutirá en los mercados de abastecimiento en todo el mundo, en los cinco continentes y evidentemente también en el sector de la industria del deporte, por el freno que los patrocinadores pondrían a sus inversiones de sponsor y publicidad.

A lo largo de la historia más reciente, la humanidad ha vivido diferentes crisis económicas que vienen de diversos mercados distintos al deportivo y que han logrado afectarlo, como aquella rescesión económica que comenzó en los Estados Unidos en el 2001, luego del ataque terrorista del 11 de septiembre y que sin embargo no comprometió los eventos deportivos más proximos a esa fecha porque ya estaba garantizado el portafolio de inversiones, es decir, las copas mundiales de fúbol de 2002 y 2006, los juegos olímpicos de 2004 y 2008. Ninguno tuvo problemas económicos, empero, los efectos iban a producirse con los eventos deportivos venideros, donde la recuperación económica era incierta y las marcas, al igual que los patrocinadores, se volvieron más cautelosos para invertir e incluso muchos tuvieron que limitar o hasta desaparecer el concepto de patrocinio dentro de sus presupuestos empresariales.

Foto: Pixabay.com

Esas situaciones económicas obligaron a los principales protagonistas de la industria deportiva a tener que reformar y reinventar su programa de patrocinios, tal fue el caso de la FIFA, que clasificó en tres categorías a los inversores corporativos del paquete comercial que tendría presencia durante los siguientes siete años y que incluyó las líneas de producto ‘Copas Mundiales de 2010 y 2014’.

Junto con este esquema de inversión comercial, los ‘clientes’ se llamarían ahora ‘Socios FIFA’, ‘Patrocinadores de la Copa Mundial de la FIFA’ y ‘Promotores nacionales’. Cada jerarquía de inversión, recibiría el máximo grado de asociación con la marca global, lo que los llevaría a detentar derechos universales sobre una amplia gama de actividades del holding deportivo, como competiciones, certámenes especiales o programas de desarrollo, así como activos de marketing exclusivos, resultándoles más convenientes estas inversiones a las ampresas que se volvían socios de FIFA por una temporalidad determinada (dos ciclos mundialistas) que garantizaría su permanencia e inversión en dichos eventos.

En este proceso comercial, los `Patrocinadores de la copa mundo’ tendrían exclusividades propias de su categoría, la asociación con la marca, activos de marketing exclusivos y un nivel secundario de difusión en los medios de comunicación que intervenían en la difusión, transmisión y retransmisión de los eventos.

Finalmente, la categoría de ‘Promotor nacional’ facilitaría la llegada de empresas locales de la sede donde se desarrollaría cada evento para promocionar su asociación con la Copa del Mundo FIFA en el país anfitrión; estos derechos comprendían la exclusividad en su categoría, asociación, programas nacionales de marketing y difusión nacional en los medios de comunicación del país, es decir, aunque era mucho más limitada, la exposicicón y difusión de estos inversores, les garantizaba llegar al mercado específico de su país a un menor costo de inversión.

Esta nueva estructura tenía el ánimo de fomentar una paridad de inversiones y de forjar un vínculo con corporaciones que querían y podían apoyar el ‘producto fútbol’ en general, sin limitarse sólo patrocinar los Mundiales de fútbol, sino también en la necesidad de abordar la creciente disparidad entre el valor y la compensación en los acuerdos con los socios, como también la oportunidad de diferenciar entre las necesidades y las demandas de algunas empresas y categorías frente a otras.

Y así como sucedió en el futbol, también sucedió en el tenis, el automovilismo (F1), Juegos Olímpicos, entre otros deportes que tuvieron que ajustarse y reinventarse para asegurar inversiones y patrocinios que los acompañaran en los duros procesos de recuperación económica.

Foto: france24.com

De tal suerte, que frente a los estragos que está provocando la pandemia mundial en el deporte, que es la falta de consumo, desempleo, desaceleración económica, incertidumbre financiera y otros, provocará, indubitablemente, que nuevamente los protagonistas de los grandes eventos deportivos, las grandes ligas y todo cuanto integra a la industria deportiva profesional, deban renovarse y adaptarse a la ‘nueva normalidad’ que los expertos en ciencia y salud han recomendado, máxime si se prevé que la humanidad tenga que padecer con mayor frecuencia la posibilidad de enfrentarse a nuevas pandemias, al menos cada 20 o 25 años, lo cual comprometería a una constante evolución de los arquetipos de marketing tradionales que conocemos hasta el momento, además de que la misma tecnología va modificando las formas de consumo del producto llamado ‘deporte’, que lo hace cada vez más dinámico y asequible a propios y extraños.

Al parecer, la industria del ‘deporte profesional’ va entendiendo que las cifras utilizadas hoy en día, han llegado a limites estratosféricos y que, si no ajustan esas crecientes inversiones, llegará el momento en que se vuelvan inalcanzables. Por ejemplo, en el futbol, con las nuevas regulaciones de FIFA, hoy se han estado dando traspasos de ‘jugadores figura’ a otros equipos a ‘costo cero’ por terminación de sus contratos y que en otros tiempos, se estuviera hablando de traspasos costosísimos que ya no podía aguantar más la industria del futbol mundial.

En consecuencia, si bien los efectos económicos que tendrá la pandemia sobre el deporte, se conocerán totalmente en los próximos años, queda claro que la industria deportiva en su conjunto está obligada a optimizar  y evolucionar la manera en que genera sus ingresos, pues el mercado que conocíamos hasta antes de la Covid-19 no es capaz de soportar las nuevas formas en que el público consume deporte.

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A propósito del autor,

Javier Avilez Martínez :

Licenciado en Derecho por la Universidad Tecnológica de México (Unitec) (México), cuenta con una maestría en Derecho Corporativo por la Universidad Mexicana (Unimex) (México), un máster en Alta Dirección y Gestión de Negocios Deportivos por la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid (España), un máster en Derecho Deportivo Internacional por la Escuela de Estudios Universitarios Real Madrid (España). Asimismo, posee un diplomado en Periodismo Deportivo por la Universidad José Ramón Fernández (México), un diplomado en Sports Marketing por la Escuela Deporte & Negocio (Colombia)y cuenta con la distinción de Doctor Honoris Causa en Derecho Deportivo Internacional por el Instituto Interamericano de Investigación y Docencia en Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En el campo profesional, es el socio Fundador y Director General de bufete legal Corporativo Jurídico Empresarial Zama, S.C., Director Legal de la Liga de Fútbol Americano Profesional de México (LFA), asesor y consultor legal empresarial de diversos clubes de fútbol profesional de la LigaMx, la Liga Mexicana de Béisbol, la Liga Mexicana del Pacífico, Federaciones Deportivas, deportistas y entrenadores.

Por último, es miembro activo del Instituto Iberoamericano de Derecho Deportivo (IIDD) Brasil.

Este artículo ha sido publicado por Winter – Dávila & Associés, firma internacional con sede principal en París – Francia, compuesta de abogados especializados en derecho deportivo, derecho corporativo, arbitraje y representación.

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